Cómo carne de cañon

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La angustia crece, pasan los días y los presos políticos en Venezuela siguen encerrados, pagando con su libertad el precio de pensar distinto.

Duele saber que, aun cuando se dio una orden clara desde Estados Unidos, el régimen continúa burlándose del mundo, del derecho y del dolor de miles de familias.

Cada hora que pasa sin liberaciones es una hora más de tortura emocional, de madres esperando, de hijos creciendo sin abrazos, de vidas suspendidas en celdas injustas.

No es política: es humanidad.

Y el silencio —o la demora— también duele.

Venezuela no olvida.

Los presos políticos no son números.

Son personas que merecen libertad ya

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