La real libertad

Hoy Venezuela respira distinto.

Cada preso político que recupera su libertad no es solo un nombre que sale de una celda: es una familia que vuelve a abrazarse, una madre que deja de rezar en silencio, un país que recuerda que la dignidad no se encarcela.

La liberación no borra el dolor, no devuelve los años robados ni sana de inmediato las cicatrices físicas y emocionales. Pero enciende una luz en medio de tanta oscuridad. Nos recuerda que resistir valió la pena, que alzar la voz no fue en vano, que la esperanza sigue viva aunque haya sido golpeada mil veces.

Hoy celebramos con cautela, con lágrimas contenidas y el corazón vigilante. Porque mientras uno salga libre, aún quedan muchos esperando. Y porque la verdadera libertad no será completa hasta que ningún venezolano sea perseguido por pensar distinto.

Que este momento sea semilla, no excepción.

Que sea el comienzo del reencuentro con la justicia, la memoria y la libertad que Venezuela merece

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