El dolor de una madre

No solo murió Carmen Navas.
Murio una parte de la esperanza de una madre que durante más de 16 meses caminó con el corazón roto buscando respuestas sobre su hijo, Víctor Navas, preso político venezolano, mientras el régimen le ocultaba la verdad más cruel: que su hijo ya había muerto.

Imaginar el dolor de una madre que cada día despertaba pensando que quizás ese sería el día en que volvería a abrazar a su hijo, es simplemente desgarrador. Carmen recorrió oficinas, preguntó, rogó, denunció, esperó… aferrándose a la esperanza de encontrarlo con vida. Mientras tanto, quienes tenían el deber de informar, callaron. Le negaron el derecho más humano: saber la verdad.

No existe palabra suficiente para describir lo que significa vivir meses enteros buscando a un hijo, mientras el mundo sigue avanzando y el silencio del poder se convierte en tortura. Porque sí, ocultarle a una madre la muerte de su hijo también es una forma de tortura.

Carmen no murió solamente de enfermedad o cansancio. Carmen murió consumida por el dolor, la angustia y la injusticia. Murió con el alma destrozada por un sistema que le arrebató a su hijo y después le negó incluso la posibilidad de despedirse de él dignamente.

Detrás de cada preso político hay una familia destruida. Hay madres que dejan de dormir, hijos que esperan, esposas que sobreviven con miedo, familias enteras viviendo un duelo eterno y silencioso. Y hoy Venezuela vuelve a vestirse de luto por una madre que nunca dejó de buscar.

Que el nombre de Carmen Navas no sea olvidado.
Que la memoria de Víctor Navas siga viva.
Y que jamás nos acostumbremos al dolor de un país donde una madre tiene que morir buscando respuestas sobre su propio hijo.

Porque ningún régimen debería tener el poder de destruir así el amor de una madre.

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